De cómo las aves se regocijan e indican el camino a Igor

Ya no grazna el cuervo en el campo,

ya no chilla allá la corneja,

no parlotean más las urracas,

sólo saltan por entre las matas.

Pájaros carpinteros, recibiendo a Igor,

con su golpeteo muestran el camino rumbo al río.

Y, anunciando la alegre alborada,

se regocijan los ruiseñores a la distancia.

El cantar del príncipe Igor

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