1325. Primavera

Se respiraba amor en aquella primavera. Y hubo más matrimonios, y también más bastardos, que desde hacía mucho tiempo. Las jóvenes estaban alegres y coquetas; los mucachos eran decididos y jactanciosos. Los viajeros no tenían bastantes ojos para descubrir las maravillas de la ciudad, ni garganta suficientemente amplia para saborear todo el vino de los posadas, ni noche bastantes largas para apurar tantos placeres como se les ofrecían (…)

Era una suerte vivir aquel 1325, ser joven o estar en la plenitud de la existencia, o simplemente tener salud. Y era una gran tontería no apreciarlo bastante, y no agradecer a Dios lo que otorgaba. El pueblo de París hubiera saboreado más aquella primavera de 1325 de no haber sabido lo que le tocaría en la vejez.

Maurice Druon. La reina loba

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