Algo llama la atención en la caligrafía de la carta de Kafka a Musil, y es la marcada inclinación de la letra hacia la izquierda, como si se preparara para tomar impulso. También es notorio el énfasis del escrito al alargar verticalmente algunas consonante, como la t, la l y la g. En las dos primeras parece querer alcanzar el cielo, en tanto que la tercera quiere echar raíces en el suelo de la página. Pero si hay una letra que concilia el matrimonio del cielo y el infierno es la t, que parece un poste que, eréctil, atraviesa las palabras con una contundencia sin alternativas. Mención aparte merecen las mayúsculas, en especial la R y, sobre todo, la K. Al observar el texto de la carta, la k y la f parecen suscribir a toda hora el apellido del autor, incliando hacia la izquierda aunque, como pedía el poeta, no más a la izquierda que el corazón.
La escritura, ese viaje donde todas las citas se cumplen. Rafael Humberto Moreno-Durán